Comunicá

A propósito de mi dolor de espaldas

Publicado el por Comunicá

La escoliosis es una desviación de la columna vertebral de la cual no se trata este artículo, un médico amigo una vez me dijo que todos tenemos algún grado de escoliosis, pero a mí, cuando era pequeño me dijeron que la mía era debido a que una de mis piernas era unos milímetros más corta que la otra. No recuerdo muy bien si esto último fue comprobado médicamente. El punto es que está desviación de la columna no había afectado en gran medida mi vida cotidiana, puesto que en mi juventud no tuve ninguna limitación física que me diferencie del resto. 

El quiebre

A propósito de mi dolor de espaldas

Julio de 2013
Todo fue bien hasta un fatídico día del 2013, cuando permanecí 12 horas parado para comprar la entrada para una final de Copa Libertadores de América. Al día siguiente no pude ponerme en pie, acudí al hospital y me inyectaron antiinflamatorios y me recetaron relajantes musculares y otros fármacos. Evolucione positivamente pero no con la rapidez necesaria, una semana después, acudí rengueando al estadio y me maltrate físicamente de manera autónoma, la recuperación completa duraría entre una o dos semanas más posterior a aquel partido de ida, mi equipo perdería la final y yo empezaría desde allí a advertir los avisos de mi espalda, que a los 29 años, ya no quería bromear conmigo.

Ya no eres el mismo

A propósito de mi dolor de espaldas

2014
Desde entonces, cada vez que se me ocurría levantar cosas pesadas, la columna me pasaba una factura, siempre los dolores aparecían con un promedio de 12 horas posteriores al esfuerzo, después 8, después 6, después casi de inmediato. Lo bueno era que estos sanaban con un mix de fármacos que yo fui conociendo y eran muy efectivos. 

Convivir con el dolor

A propósito de mi dolor de espaldas

2015
La cruda verdad es que los dolores, si bien pasaban, cada vez tardaban más en curar, y aunque esto dejó de hacerme gracia, me volví muy reticente al dolor, podía aguantarlo días, semanas, incluso vivir meses con el. No obstante poco a poco adopté hábitos que me ayudarían a prevenir estos episodios, evitar esfuerzos, no agacharme, flexionar más las rodillas, evitar los ejercicios de peso muerto en la espalda, ejercicitarme regularmente, etc... mi vida mejoro y los dolores eran cosa del pasado, no porque habían desaparecido, sino porque yo los había controlado.

Felicidad y dolor

A propósito de mi dolor de espaldas

Enero de 2016
Nos mudamos por la llegada de mi hijo, y la mudanza demandó muchas atenciones, es así que la última prioridad fue el montaje de mi pequeña sala de ejercicios, con artefactos que con el tiempo y con los episodios fui adquiriendo para poder ejercitarme sin excusas. El hecho es que estuve casi un año sin hacer ejercicios y con la llegada del niño, venía escondido un mix de esfuerzos que en mi condición de padre no pude advertir, alzar a un niño, mecerlo, hacerlo dormir, entre otras cosas, demandan un esfuerzo directo en la espalda baja, un esfuerzo que mi cuerpo no estaba dispuesto a aguantar y menos aún con la falta de ritmo. Un día antes de Navidad, aproximadamente 5 meses después del nacimiento de mi hijo, yo sentiría nuevamente dolores, a los que intente controlarlos con los antiinflamatorios que ya mencioné. Los dolores persistieron y antes de año nuevo ya eran muy intensos. 

La primera opinión

A propósito de mi dolor de espaldas

Enero de 2017
El 2 de enero me realicé los primeros estudios y consulté con el primer traumatólogo que mi seguro me ofreció, parecía tan joven como yo, y me dijo que tenía unos pinzamientos lumbares y una hernia de disco. Me recetó 20 sesiones de fisioterapia y otro mix farmacológico, además de un inyectable muscular. Me tranquilizó que me dijera con mucha claridad que el cuadro no era grave y que pasaría con esas medidas.

Pasaron 10 sesiones, y la verdad es que la situación seguía igual, por lo que decidí consultar con otro médico de más edad (en temas médicos uno asocia mucho la edad a la sapiencia de los profesionales), y el mismo amigo -que alguna vez me dijo que todos tenemos escoliosis- me recomendó a un especialista con el que pude consultar unos días después.

A propósito de mi dolor de espaldas

Es importante que mencione en este punto, que para este momento, mi situación ya no era un secreto para nadie, y todo mi entorno parecía alinearse y predisponerse a comentarme y recomendarme todo tipo de profesionales y todo tipo de prácticas y tratamientos con una legítima preocupación por mi estado de salud. Pilates, acupuntura, quiropráctica, acuaterapia, fisioterapia, masajes de todo tipo, todas las recomendaciones acompañadas con su correspondiente caso de éxito y los contactos respectivos, todas las personas, sin excepción tenían un consejo para mí. No voy a negar que algunas historias eran muy buenas y realmente me daban ganas de aprovecharlas, pero mi fe en la ciencia y en la medicina tradicional pudieron más.

La segunda opinión

Febrero de 2017
El caso es que el segundo traumatólogo, éste si -en teoría- con más espalda para mí caso, me dijo exactamente lo mismo que el primero, y me estimuló a que completase el tratamiento que inicié, que le parecía correcto y que la recuperación llevaría tiempo y demandaría mucha paciencia, que no había nada de gravedad.

No voy a decir que no mejoré al término de las 20 sesiones, pero si señalaré que no era ni de cerca una mejoría sustancial, y cuando me recetó otras 10 sesiones, las cuáles las hice en un centro especializado, le solicité que me recomendara otro profesional porque necesitaba otra opinión, el médico amablemente me facilitó el contacto de un neurólogo que también gozaba de una interesante reputación.

La tercera opinión

Cuando consulté al neurólogo, éste escuchó mi historia pacientemente, no muy diferente a como lo he narrado aquí, me observó visiblemente afligido y me palpó la espalda, leyó los informes del estudio y revisó el disco adjunto. Terminó diciéndome que yo era muy reticente al dolor, que no podía creer que hace dos meses estaba de esa manera, y me pidió que terminara las 30 sesiones, que si ha mejorado algo podría continuar haciéndolo y que si ese fuera el caso, haríamos una infiltración, y si no lo fuera, que entraríamos a cirugía, no obstante me pidió nuevos estudios. El médico era un poco tosco, seco y no muy conversador, pero se tomó su tiempo para escucharme y ver en detalle cada cosa que traía encima, además de ello, cuando hablaba era muy franco, me miraba fijamente a los ojos y me daba la sensación de que estaba muy seguro de todo lo que decía.

A propósito de mi dolor de espaldas

Cuando regresé, al término de las 30 sesiones, nada había mejorado, al contrario, yo sentía que había involucionado, según los estudios nuevos, la hernia se había desplazado y empezó a afectar mi pierna izquierda de manera más severa, cada vez menos podía soportar mi propio peso. El médico me dijo de un modo inobjetable que no haríamos la infiltración sino la cirugía, me encomendó hacer los trámites lo antes posible y cerró la consulta diciéndome que nadie quiere llegar a una cirugía pero que no debía temerle, que era la única solución definitiva al problema y que el operaba diariamente esta aflicción, que no había de qué preocuparse.

La cuarta opinión

La fecha se fijó en una semana, la cual aproveché para consultar a un último profesional, también muy reconocido por tratar este tipo de problemas, quien luego de mirar los estudios y escuchar mi historia dijo que no le parecía que se hubieran agotado todas las instancias y me recomendó otro mix farmacológico. Yo le dije que sentía que si lo había hecho y qué seguiría su tratamiento en lo que restara de tiempo antes de la cirugía, la cual no se suspendería. Un día antes de la cirugía volví a consultar con él, sin mejoría alguna, por lo que terminó también recomendando la intervención.

La cirugía

Marzo de 2017
La noche antes de la cirugía fue intensa, el dolor que me aquejó la pierna izquierda y la espalda baja me hizo retorcerme en la cama hasta el llanto, mientras se acercaba la hora, la enfermera me decía que ya no podía administrarme nada porque yo debía entrar al quirófano, que debía aguantar un poco más. Gracias a Dios, el dolor aflojo poco después y poco antes de la hora. 

A propósito de mi dolor de espaldas

Cuando vinieron a trasladarme para el quirófano, vi desde la camilla a mis familiares, entre ansiosos y angustiados porque había llegado el momento. No puedo describir muy bien lo que sentía conforme era trasladado por aquel pasillo, se detuvieron en la puerta del quirófano y me dejaron allí unos minutos, minutos en los que repase esta historia que aquí he escrito, cada palabra, cada momento, recordando el dolor que sentí todo ese tiempo, las veces que me despertaba en medio de la noche por el dolor o las molestias, las diferentes situaciones en las que me encerré sólo para llorar de la impotencia que me causaba la situación, mentiré si digo que pude evitar el llanto.

Cuando me introdujeron al quirófano, un médico muy joven se acercó y me dijo: "necesitamos que estés tranquilo, no te va a pasar nada", me puso una mascarilla al rostro y me pidió que respire profundo... mis párpados me pesaban, recuerdo que lo último que oí fué a este doctor diciéndome "tranquilo Carlos, va estar todo bien"... ya con la visión muy nublada y sin poder verlo intenté decirle "por favor doctor"... creo que no llegue a hacerlo.

Cuando desperté todo seguía nublado, vi varias siluetas alrededor mío y pude escuchar la voz de mi neurólogo hablándome, hasta hoy día no se muy bien que fue lo que me dijo realmente, pero fueron palabras de aliento, lo sé porque no sentía dolor, sino las molestias de la herida en la espalda, y porque volví a llorar al sentir que todo había terminado.

Conclusión

A propósito de mi dolor de espaldas

Solo quise contar mi historia. Se que hay mucha gente con el mismo problema, y son bombardeados con todo tipo de información para sobrellevar la situación. Si me preguntas a mí cómo hacerlo, solo me atrevería a recomendarte tres cosas: 

  • Primero, debes estar atento a todo lo que pueda lastimarte, uno adopta los hábitos, pero hay cambios en la vida de uno que te sorprenden con la guardia baja, como en mi caso.
  • Segundo, si algo te lastima no esperes a que el dolor te ponga contra las cuerdas. Esto es algo que yo mismo me lo he dicho muchas veces, y a veces el dolor es tan pequeño que uno desea simplemente ignorarlo, no hay peor decisión que esa.
  • Y tercero, cuando encuentres al médico que te inspire confianza, hazle caso a tu instinto y aférrate a el. Todos tienen un caso de éxito para tí, pero la realidad es que todos los casos son completamente distintos, humildemente creo que hay que encontrar la persona indicada, asegurarnos de entregarle el guión completo de nuestra situación, confiar y quedar en sus manos.