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Para algunos, se acabó el opio albirrojo.

Publicado el por Carlos Sebastián Ibarrola
Para algunos, se acabó el opio albirrojo.

Ayer la selección paraguaya sufrió un verdaderamente duro revés frente al seleccionado argentino, y más allá de lo estrictamente futbolístico me gustaría analizar el fenómeno social que se evidencia a través de la coyuntura que auspició nuestra querida selección.

Recordemos que tanto Ramón Díaz como su lista de convocados fueron inicialmente resistidos por gran parte de la afición deportiva de nuestro país, quienes observaban esta Copa América como una oportunidad de dejar bien en claro que ya hemos tocado fondo, y que todavía no hemos salimos de allí, hasta con un aire de masoquismo pseudopatriótico que no termino de entender.

Conforme los hechos se fueron sucediendo, el noble y trabajoso combinado nacional debió remar contra propios y extraños, intentando recuperar el respeto para sí mismos, para su propia afición y para el resto del mundo. Así es como nadie atinó a lanzar alguna frase de reprobación sobre el seleccionado posterior al empate alcanzado frente Argentina, con mucha prudencia y privacidad la misma afición paraguaya se tragó sus propias palabras y expectativas apocalípticas. 

El juego de Paraguay creció, y la afición encontró en la misma “lista negra de Ramón” su propia dosis de “opio para el pueblo”.

Haciendo un análisis probabilístico de este certamen, entenderemos que era una copa complicadísima para una selección que terminó última en las eliminatorias, que está en un franco proceso de renovación y que no tuvo mundial. Frente al último campeón de América, el vicecampeón del mundo, y Jamaica, el único equipo que estaba en el bajo presupuesto albirrojo. Por si fuera poco, el destino tuvo que ponernos a Brasil enfrente, el equipo más ganador en la historia de este amado deporte, y si esto no fuera suficiente, debimos repetir al -hoy por hoy- más temido rival en esta parte del mundo, nada más y nada menos que el vicecampeón del mundo: Argentina.

Para algunos, se acabó el opio albirrojo.

Los días previos a este duelo eran de un positivismo exacerbado y resultadista, irracional desde donde se lo mire, propio de una parte grandiosa de la afición que no entiende de procesos, o de coyunturas, y que tampoco sabe leer el fútbol como lo que es: un deporte. En cuestión de semanas, todos éramos nuevamente albirrojos, y volvimos a cargar sobre sus hombros nuestra historia como república, el discurso del “si se puede”, de la garra, del amor propio, y un sin fin de conceptos y abstracciones que probablemente sí describan a la noble y trabajosa selección nacional, pero no así a una grandiosa masa de hinchas oportunistas.

Nuestra querida selección se la creyó, sintiendo una vez más ese fervor y ese aliento que ningún otro fenómeno, ya sea político, social o cultural pudo despertar nunca jamás. Paraguay quiso golpear a una selección argentina que para ser golpeada, primero debe ser igualada… y demás está decir que la selección argentina no tiene igual en nuestro continente, hoy por hoy.

La derrota fue en buena ley, Paraguay hizo gala de su nobleza, de su amor propio, de su sangre caliente, de una entereza que pocos equipos en transición pueden llegar a desarrollar, y Argentina necesitaba de este resultado, porque el vicecampeón del mundo también tiene necesidades, necesitaba de goles, necesitaba sentirse segura y despertar como lo que es, la mejor selección latinoamericana, la faena fue para ambos.

...esta selección no es una muestra de la raza paraguaya, sino un idealismo de ella, un símbolo de autoestima y progreso...

“Un golpe de realidad” reza esta mañana el titular de un periódico local que no le hace justicia al trabajo albirrojo, un titular que no se merece esta selección y que tampoco se merece este país, un titular que poco tiene de crítica constructiva, un titular oportunista como una grandiosa parte de su afición y su prensa, que no entienden de procesos, o de coyunturas, y que tampoco saben leer el fútbol como lo que es: un deporte. 

Este humilde servidor se da por satisfecho ante el trabajo y la entereza, el amor propio y el profesionalismo de cada uno de los que integran esta delegación albirroja, y los felicito humildemente, me siento orgulloso de lo que han logrado en tan poco tiempo. 

Para algunos, se acabó el opio albirrojo.

Muy a pesar mío estoy convencido de que esta selección no es una muestra de la raza paraguaya, sino un idealismo de ella, un símbolo de autoestima y progreso, porque este país necesita más paraguayos como ustedes, paraguayos que reman de forma obsesiva contra la marea, que no les importa el que dirán, que no son amigos de los resultados, paraguayos que se la creen aun cuando nadie crea en ellos. 

Enhorabuena para la selección, paraguayos que caen de pie si los hay.