Comunicá

Un discurso sincero / Parte 2

Publicado el por Carlos Sebastián Ibarrola

En el artículo anterior empezamos a hablar de las características que debería tener el discurso de toda persona que ejerce algún tipo de liderazgo, entendiendo que en esta posición es excluyente una buena comunicación si desea alcanzar la máxima eficiencia y los mejores resultados como conductor de un equipo humano.

Hemos conversado que la diplomacia es una característica esencial en el discurso de un líder, y que ser diplomático implica tener un discurso que sea siempre constructivo, efectivo, conciliador y resolutivo, porque estas son –por excelencia- características comunes entre todos los liderazgos positivos que podamos conocer o recordar.

Un discurso sincero / Parte 2

Hoy hablaremos de otra de las características importantes del discurso de un líder, y a pesar de que suene –aparentemente- básico, usted entenderá, al final de este artículo, que muchas veces, lo obvio no es tan obvio.

Hablaremos hoy de los discursos comprometidos con la verdad, porque esta es otra de las características de los discursos de los líderes: dicen la verdad, y la gente sabe que si desea obtener la verdad, pueden recurrir a ellos y preguntárselo francamente y mirándole a los ojos.

Un discurso sincero
Esto puede –en principio- parecerle algo sencillo, hasta casi absurdo, pero si lo analizamos con detenimiento se sorprenderá la incapacidad que tienen muchas personas de expresarse con la verdad en múltiples situaciones de la vida. No me estoy refiriendo –aquí- a una actitud enfermiza o maliciosa de esconder la verdad, sino a la incapacidad de expresarla antes situaciones difíciles, embarazosas o penosas, situaciones a las que  -contradictoriamente- están frecuentemente expuestos los líderes.

Un discurso sincero, es siempre sincero.

Un discurso sincero / Parte 2

“Lastimosamente debo decirte que has quedado desvinculado de la empresa, sé que es una sorpresa para ti, y créeme que lo es también para mí…” 

El discurso demuestra una clara incapacidad para decir la verdad, es improbable que un líder no sepa quién se queda y quien se va, además, demuestra que tampoco tuvo la capacidad de anticiparlo, esperando a último momento para hacerlo e intentar sacudirse de responsabilidades, cosa que no hará, porque si es realmente un líder, no solo tenía el conocimiento con mucha anticipación, sino que además tuvo participación en la decisión.

“Estuvimos evaluando tu desempeño, y hemos concluido que no hemos obtenido lo que esperábamos de ti, por tanto, hemos tomado la decisión de cerrar esta etapa contigo el próximo mes. Lo lamento porque sé de tu capacidad, y te lo digo con anticipación para que puedas organizarte, también te ayudaremos con unas recomendaciones durante este tiempo, si quieres hablar al respecto, sabes que estoy disponible…”. 

Este discurso es sincero, el líder se hace cargo de la evaluación y de su responsabilidad en la decisión, además, lo hace con anticipación y permanece disponible para ahondar en el tema, por otra parte, se ocupa de que el proceso sea lo menos traumático para la persona.

Un discurso sincero es empático

Un discurso sincero / Parte 2

Un líder sincero no se olvida de marcarte los errores, no se guarda nada ni acumula decepciones. Con este tipo de personas puedes tener la seguridad de que si haces algo mal, lo sabrás de inmediato y no estarás preguntándote si fue correcto lo que hiciste o lo que estás haciendo.

Además, te marca los errores en el momento adecuado, no te expone frente a terceros, te lo dice personalmente y con la franqueza que lo caracteriza.

“Ya te lo he dicho varias veces y vuelves a hacerlo, es increíble…!”

Este discurso solo avergüenza a la persona, destruye el clima laboral, no lo guía y no resuelve nada. Un líder no solo es un superior jerárquico en la organización, sino también debería ser un guía, alguien de quién aprender y recurrir cuando algo no anda bien, nunca debería ser alguien a quien temer.

“Intenta que no vuelva a suceder una tercera vez, y quiero que diseñes y presentes un procedimiento que garantice que así será, después lo veremos juntos, lo aplicamos y vemos como avanza…”

Un buen líder te advierte con claridad y si cometes el mismo error dos veces, se hace cargo de que no vuelvas a cometerlo. Este discurso trabaja sobre la instrucción de la persona, intenta que aprenda a desarrollar formalmente mecanismos que garanticen los resultados de su trabajo.

El buen líder sabe que el primer error de su equipo puede no ser suyo, pero la repetición del error ya es una señal de que su conducción no es la correcta.

Un discurso sincero es franco

Un discurso sincero / Parte 2

“González, quisiera saber tu impresión sobre Rodríguez, a mí no me está convenciendo su desempeño y necesito conocer otras opiniones.” 

Este discurso es errático, intentando resolver problemas a través de un tercero que se encuentra también subordinado, demuestra gran debilidad de parte del líder, genera zozobra en el equipo y daña seriamente su imagen.

Un líder que no tiene la capacidad de hablar de frente con su equipo tendrá necesariamente un equipo que no hablará de frente con él...

y cuando esto suceda, las percepciones y los pasillos se volverán más importantes que los resultados.

“Rodríguez, necesito hablar de tu desempeño, es posible que exista una confusión respecto a tus responsabilidades en la empresa y necesitamos resolverlo.”

Este discurso es franco, directo y personal, es importante que tu equipo sepa que si algo sucede, se los dirás de frente y sin rodeos e intentarás resolverlo con ellos, y por supuesto, no generarás conspiraciones de pasillo que un líder no necesita.

Cuando un líder es franco con su equipo, su equipo le corresponde esa franqueza, el clima laboral se perfecciona y todos se sienten seguros y protegidos.

Usted debe saber que ser sincero muchas veces no es fácil en las relaciones interpersonales, el carácter y la personalidad de las personas difiere en demasía, no obstante, si usted desea ejercer el liderazgo con autoridad moral, debe practicarla, iniciando con un discurso sincero.

Haga memoria, y recuerde algo que no le haya gustado esta semana, o que piensa que no fue correcto y sin embargo decidió guardar silencio… ¿Porqué lo hizo? Usted sabe que aquello que sucedió, eventualmente volverá a repetirse porque usted no se ha manifestado al respecto.

¿Usted teme la reacción o el carácter de esa persona? ¿Usted piensa que podrá malinterpretarlo? ¿Quiere ahorrarse un momento incómodo?

Créame, nadie tiene porque reaccionar mal si usted habla con diplomacia, si construye y es claro al respecto, por otra parte, el momento tampoco tiene porque ser incómodo, usted es el líder, su equipo no debería incomodarlo. Además, el líder es líder para resolver ese tipo de situaciones, usted está allí para eso, resuélvalo, haga el ejercicio, llame a esa persona y ejerza su capacidad diplomática y su sinceridad, encárguese de que aquello que sucedió y estuvo mal no se vuelva a repetir, porque si no lo hace, cuando suceda de nuevo será también culpa suya.

Más adelante seguiremos hablando de otras características del discurso de los líderes, pero mientras eso suceda, recuerde las primeras dos lecciones: diplomacia y sinceridad. Practíquelas, ejerza un liderazgo inspirador, cohesione a su equipo y alcance sus objetivos.