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Diseñador: ¿Se hace o se nace?

Publicado el por Carlos Sebastián Ibarrola
Diseñador: ¿Se hace o se nace?

Larga y antológica ha sido la discusión respecto de si la profesión del diseño gráfico se aprende o se trae en los genes, casi tan antigua discusión como aquella en la que se preguntan si el diseño es arte o no lo es, y lógicamente, el primer planteamiento tiene sus raíces en este último, puesto que el arte es considerado casi una sensibilidad con la que se nace, elocución que no pretendo ni estoy en condiciones de valorar puesto que no soy artista. 

Pero si de algo creo que soy capaz de hablar es de diseño gráfico, profesión que llevo ejerciendo hace 13 años, 10 años desde mi propio estudio, y en la que he ejercido también la docencia en instituciones de educación superior desde hace 8 años, y dirigiendo una carrera de diseño (Diseño Columbia) desde hace 5 años, incluso, si de algo sirve acotar, he participado en decenas de eventos de diseño como oyente y me han invitado a algunos como charlista, incluso yo mismo he organizado también 5 congresos internacionales de diseño gráfico y he compartido charlas amenas, cenas, almuerzos y cafés con profesionales de gran producción literaria al respecto como Jorge Frascara, Ronald Shakespear y Norberto Chavez, por citar algunos. 

Además me he tomado el atrevimiento, como muchos sabrán, de escribir mis propias reflexiones y líneas al respecto de la profesión en decenas de artículos de diseño para diferentes medios de prensa, para mi propio estudio y para la Universidad. 

Diseñador: ¿Se hace o se nace?

Todo lo dicho anteriormente, no pretende ser -ni mucho menos- un autobombo sobre mi persona, sino tiene la humilde intención de dar un contexto adecuado para que usted entienda desde donde expondré mi opinión respecto de si el diseñador nace o se hace, pero basta de chácharas innecesarias, aquí la respuesta...

Desde mi humilde experiencia personal, profesional y docente, me permito afirmar y sugerirle taxativa e inobjetablemente que el diseño se aprende, como se aprende a sumar, a restar y a multiplicar.

Lo lamento, si pensaba usted que los diseñadores eran de alguna manera personas iluminadas con algún tipo de sensibilidad artística, está usted equivocado.

Graficaré este punto con mi persona, y debo decirle que mi relación con el diseño es algo coyuntural, no recuerdo tener deseos muy intensos de estudiar esta profesión, o ninguna otra en particular, la verdad es que se trató más bien de un juicio acertivo de mi madre que me sugirió la misma, a mi no me desagradó la idea. Me formé en diseño y hoy amo mi trabajo, pero estoy seguro que hubiese podido abrazar de igual manera otras profesiones, como la arquitectura, el periodismo o la actuación, por citar algunos

Diseñador: ¿Se hace o se nace?

Siempre me gustó dibujar, nunca supe hacerlo. Hoy todavía me gusta dibujar y todavía sigo sin saber hacerlo. No me ejercité para ello, no lo practiqué, no me enfoqué en esa habilidad, no me interesó lo suficiente para emplear mi tiempo en ello, pero aún así estoy aquí, diseñando, enseñando y dirigiendo una escuela de diseño, porque aprendí a diseñar, me formé para ello, le dedique muchos años de mi vida a mi carrera profesional y lo sigo haciendo. Porque a mí madre le pareció que me gustaría el diseño, y me gustó.

Muchas veces se ha escuchado -de docentes- la frase "tiene sensibilidad estética, será bueno en diseño".

La verdad es que la sensibilidad estética existe pero no se nace con ella, se crece con ella o de lo contrario, también se aprende. 

En mi experiencia docente he podido comprobar que aquellos estudiantes con una coyuntural posición social que les permitió vivir y crecer rodeados de marcas, productos y espacios con buen diseño desarrollaron naturalmente la sensibilidad que aprendieron de su entorno, inicialmente siempre son estéticamente más sensibles, pero eso -por lejos- no implica que sepan diseñar o que tengan una tendencia hacia esta profesión. 

Por otra parte también existen los estudiantes que no crecieron rodeados de estos estímulos y les toca desarrollarlo mientras estudian, con la práctica, al fin y al cabo, la estética o la cosmética gráfica -bien aplicada- no es más que un cúmulo de conocimientos retóricos casi matemáticos para componer, es decir, no se trata de ninguna habilidad divina. 

Diseñador: ¿Se hace o se nace?

En mi experiencia -entonces- puedo incluso afirmar que los estudiantes que aprenden a proponer estéticamente desde lo retórico y que con el tiempo desarrollan esa sensibilidad llegan a ser mucho más solventes, minuciosos y finos en sus proyectos que aquellos que han desarrollado la sensibilidad desde antes, porque estos últimos, rara vez terminan de explorar enteramente la retórica de la estética. 

Como director de un estudio y de una escuela de diseño también debo decir que el intelecto está infravalorado. He tenido la experiencia de seleccionar diseñadores, con la gran ventaja de ser director de una escuela de diseño de donde puedo escoger diamantes brutos. Esta experiencia me ha permitido poder seleccionar a mis diseñadores en conocimiento de su intelecto y no sólo de sus habilidades cosméticas. 

Diseñador: ¿Se hace o se nace?

Así, he aprendido lo sencillo que es enseñarles a diseñar gráficamente en comparación a lo complicado que resulta enseñarles a pensar y a diseñar información. He aprendido así ha seleccionar diamantes en bruto por su capacidad intelectual por sobre todo, aún cuando no eran muy diestros con la estética, todas estas apuestas llegaron a buen puerto. No así a la inversa, las veces que he seleccionado talentos por sus capacidades estéticas, he tenido resultados dispersos, es difícil enseñarle a diseñar información a alguien que sólo piensa cosméticamente.

Es más fácil y seguro enseñarle estética a quien sabe diseñar información.

Pero es lógico que en una selección convencional prevalezcan -por lo general-  la estética y el portafolio de trabajos. Los estudios de diseño pocas veces tienen la ventaja que tengo yo, de conocer también sus capacidades intelectuales.

Mis años de trabajo en diseño me han enseñado que los mejores diseñadores son aquellos que diseñan con los ojos cerrados, y que si los diseñadores no pensaran tanto en el diseño gráfico, diseñarían mejor. Lo que esencialmente hacemos es comunicación, y para una comunicación efectiva hace falta mucho más que diseño gráfico, hace falta entendimiento, comprensión, intimidad, honestidad... hace falta cerrar los ojos, olvidar las tipografías y ver a las palabras, sentir la necesidad, justificar la comunicación. 

Diseñador: ¿Se hace o se nace?

La comunicación que no piensa en el mensaje no comunica, un diseño que no comunica, es un diseño que debió pensar menos en la tipografía y más en las palabras, en la psicología, en la sociología, en la antropología, en la política, en la historia, en la cultura, en las personas, eso también se aprende.

En conclusión, permítame sugerirle que el diseño se aprende, que la sensibilidad necesaria para su ejercicio también se aprende, y que la parte compleja de la profesión no se encuentra en lo que se ve, sino en lo que se siente, además, permítame también acotarle que los mejores diseñadores, a mi modesto entender, son aquellos que diseñan -primero- con los ojos cerrados.