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Cerrando la boca y parando la oreja

Publicado el por Carlos Sebastián Ibarrola
Cerrando la boca y parando la oreja

El diseño de comunicación es una disciplina en la que los profesionales que la ejercemos nos convertimos en interpretes de lo que el cliente necesita decir, en este sentido, es importante mencionar que interprete no es sinónimo de traductor, ya que un traductor lo que hace es transmitir un mismo mensaje solo manipulando literalmente el código (idioma) del mensaje, es decir, utiliza las mismas palabras alterando solamente el idioma. El intérprete –sin embargo- se ocupa de transmitir fielmente el sentido de aquello que se quiso decir, eliminando muletillas, modismos y/o metáforas que el receptor pudiera no interpretar correctamente, el intérprete necesita decir aquello que el emisor quiso decir de la manera en que el receptor lo entienda.

“El diseñador es una oreja grande” 

Cerrando la boca y parando la oreja

...dice el maestro Ronald Shakespear, dejando en claro que la virtud más importante de un profesional del diseño es su capacidad de escuchar.

En una cátedra que llevo en Diseño Columbia, una estudiante me manifestó que su proyecto “buscaba generar un hábito en el consumidor”, a lo que yo le pregunté –como acostumbro hacer- ¿Qué es un hábito?, esto despertó la reacción de sus compañeros que voluntariamente levantaron la voz para responder la pregunta, uno tras otro, –y a su vez- todos al mismo tiempo, respondían en voz alta el cuestionamiento de manera impulsiva y poco meditada, asumiendo que “hábito” era sinónimo de “rutina”… hasta que una estudiante, luego de unos minutos de escuchar el exabrupto de sus pares levantó la mano, pidió la palabra y dijo:

Cerrando la boca y parando la oreja

“Según lo que me dice Internet, el hábito es un comportamiento repetido regularmente que no requiere de ningún raciocinio, es decir, es involuntario; a diferencia de la rutina, que es programada y racional, por tanto, es más difícil alterar un hábito que una rutina… no son sinónimos.”

Estoy diciendo que de una muestra de aproximadamente veinticinco estudiantes, solo una tuvo el hábito de recurrir a una fuente de información ajena a sus percepciones personales, el resto demostró tener el hábito de responder de manera inmediata solo basándose en su formación anterior, y sin sentir la más mínima necesidad de explorar otras posibilidades.

Esta es una constante no solo en la universidad, me he dado cuenta de que es una constante en toda la sociedad. Leyendo el libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” recordé esta anécdota, puesto que Stephen Covey menciona allí que los valores son como un mapa, y los principios son el terreno mismo, es decir, uno emite juicios de valor a través de lo que dice su mapa (valores), pero no acostumbra atender la naturaleza del terreno (principios), los principios son universales, los valores no. Si nosotros escuchamos al interlocutor sin preocuparnos de articular una respuesta al mismo tiempo, podremos no solamente entender desde qué posición está hablando (sus valores), sino que entenderemos la razón ulterior de sus palabras, lo que nos ubicará en una posición desde la cual podremos ver claramente los principios (el terreno) que condicionan su situación.

Cerrando la boca y parando la oreja

Esta dinámica se aplica a todos los aspectos de la vida, en las relaciones personales por ejemplo, diariamente nos encontramos con mucha gente dispuesta a hablar, a responder, a opinar, con una presión intrínseca por demostrar que la razón le pertenece, cuando ni siquiera se ha tomado el tiempo de entender el problema, o de saber si realmente importa o le conviene -en ese momento- tener la razón.

El campo laboral es un espacio donde regularmente existen disputas por tener la última palabra -amén de lo que se diga-, nadie parece entender que lo primero no es proponer soluciones, sino reconocer los problemas, interpretarlos, tomarnos el tiempo para explorar el terreno antes que emitir un juicio relativo únicamente desde nuestra perspectiva.

En las negociaciones, donde por lo general las partes se encuentran ansiosas por exponer sus condiciones y expectativas, y se ocupan más en exponerlas de la manera más convincente antes que en articular expectativas de bien común. Esta realidad es una de las ventajas más importantes que he tenido en mi vida profesional, en una negociación, el que habla último siempre tiene la ventaja, porque el último puede articular su respuesta conociendo las expectativas, las necesidades y las inquietudes de los demás actores, además, con un poco de inteligencia emocional, también puedes proponer soluciones más holísticas donde todos obtengan algo, siendo el último el que satisface la totalidad de sus expectativas.

"No podrás cambiar de opinión si no puedes cambiar de actitud."

Cerrando la boca y parando la oreja

Pero como bien ya lo ha expuesto una estudiante, modificar un hábito no es tan sencillo como modificar una rutina, puesto que no es una acción consiente, para modificar un hábito hay que modificar los valores, los mapas a través de los cuales decidimos actuar, debemos hacer el ejercicio de introducirnos un nivel más allá de ellos, y reconocer los principios que rigen las relaciones humanas y que son universales, como quien dice “No podrás cambiar de opinión si no puedes cambiar de actitud”, la actitud es un hábito, es involuntario, tenemos que trascender años de praxis para modificar una respuesta involuntaria de nuestra mente, entender que nuestros valores no son universales y que muchas veces no son compartidos, debemos aprender a articular nuestras acciones sobre hechos antes que sobre percepciones, aprender a sopesar la realidad antes que las percepciones.

En líneas generales, concluiré mencionando tres principales ventajas que obtendrás en el terreno laboral cerrando la boca y parando la oreja:

Podrás entender la verdadera necesidad del emisor
En primer lugar, cambia el hábito de hablar primero, controla tu ansiedad por decir lo que piensas y lo que crees, no converses con el interlocutor, escúchalo.

Podrás reconocer la situación que genera esa necesidad
En segundo lugar, intenta entender lo que el interlocutor piensa, más allá de lo que tú opines al respecto, enfócate en su problema y en su necesidad.

Podrás articular una respuesta apropiada y conveniente
En tercer lugar, ignora lo que tú opines sobre lo expuesto, enfócate en lo que deseas obtener de esa coyuntura y en seleccionar de toda la información expuesta, aquellas que te sirvan para generar un escenario donde satisfacer sus demandas y las tuyas.

Cerrando la boca y parando la oreja

Por último, recuerda siempre que si deseas obtener algo, no conviene socializar, intenta ser el último en hablar, no participes de la catarsis preliminar a la negociación, escucha con atención y articula un discurso apropiado que genere beneficios para todas las partes. Debes entender que el concepto de “conversación” puede no resultar productivo antes de una negociación porque corres el riesgo de exponer percepciones personales que no ayuden a tus objetivos, aprovecha la fase preliminar para percibir el perfil de la contraparte, sus intereses y motivaciones, si has escuchado bien, sabrás exactamente que debes decir, como debes decirlo y hasta donde puedes llegar.